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El vuelo de un Diente de león

Diente de león – En la zona en donde vivo, en esta época del año, suelo ver algunos Dientes de león volando sobre la terraza, entre los árboles. Mientras pensaba en el escrito de esta semana, la presencia de este pequeño y vivaz compañero me pareció tan potente en estos momentos que permanecemos en casa a la espera de que la contingencia sanitaria sea superada, y es que en su ir y venir a merced del viento, pensaba en cuantas escenas como esta ocurren a diario alrededor nuestro sin que nos percatemos de ello.

Muchos autores nos hablan de la aceleración con la que vivimos hoy en día, el constante apuro por llegar a nuestros trabajos, entregar reportes, cumplir objetivos, etc. La necesidad de ser productivos impera sobre nuestro sentido de vida. Tener tiempo para la quietud, la contemplación de la caída de las hojas o de la puesta de sol, significaría hacer un corte en nuestro ritmo de productividad sin límite, un lujo que no nos podemos permitir.

Si miramos hacia afuera desde nuestra ventana, lograremos ver, aunque sea una mínima expresión de la naturaleza que está a nuestro alrededor. Pensemos en el tiempo en que, de niños, cualquier árbol era susceptible de convertirse en nuestra casa de juegos, nuestras mascotas eran los mejores compañeros, lo divertido que era ver las nubes en un fondo azul simulando elefantes, caballos, rostros humanos. De niños nuestro encuentro con la naturaleza era más cercano, bastaba una rama de árbol en la tierra para dibujar con ella o para hacer surcos donde pasarían nuestros barcos de papel, podíamos caer de la bici, ensuciarnos en la tierra y volver a subir, cortar frutos de los árboles, bañarnos en los ríos, caminar descalzos sobre las rocas, y todo era normal. Nuestro tiempo era otro.

Desde casa, en este tiempo que vuelve a ser distinto ¿por qué no permitirnos detenernos y observar nuestro entorno, escuchar a las aves al iniciar el día o sentir el viento de los árboles cercanos? Cualquiera que sea nuestra situación, un momento de espera, de retraso, podría ser suficiente para ver que la naturaleza sigue viva, que se está dando un respiro, que también está a la espera de mejorar. De un modo silencioso podemos hacer frente a la locura que puede surgir de nuestro encierro, enfocándonos en tratar de estar ahí, en ese tiempo que tenemos, que hacemos y que vivimos. 

El vuelo de un Diente de león, seguirlo con la mirada hasta perderlo de vista, es solo una manera de decirlo. El tiempo lo tenemos en torno nuestro, no lo perdamos, no lo aprovechemos, vivamos en él. Un corte a la aceleración de nuestro ritmo, detenerse en esta marea de noticias, puede darnos la calma del instante, el minúsculo momento que habitamos hoy y que nos labra la esperanza de un mañana.

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Alba Rodriguez
Mi nombre es Alba, soy del norte de México y he migrado a la estimulante y caótica Ciudad de México. Hoy recorro sus avenidas motivada por las historias que se tejen entre el bullicio y el folklore de su gente ¡Acompáñame en esta experiencia!

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