Iluminando la obscuridad

Ha sido un tema recurrente, un tema que a muchos nos sacude la cabeza tan solo porque nos es nuevo o nos es familiar. Escuchar las noticias o leer las redes sociales ha sido la actividad más practicada en los últimos días en torno al Cororavirus y es que como en todo, formarte una opinión propia, depende mucho del ángulo donde se esté.

La percepción desde China, Italia, España, Estados Unidos, México, puede ser muy distinta, las reacciones, sobretodo, han sido muy variadas, pero se puede ver un común denominador: el temor. Y es que no hay nada que aterre más que desconocer el futuro, o en cierto modo, el conocimiento de nuestra finitud, algo así como el miedo a la obscuridad, como cuando niños nos daba la urgencia de ir al baño de noche, y todo a nuestro alrededor parecían simular figuras extrañas y peligrosas. Me parece que nuestro intento de conocer y apropiarnos de lo desconocido no es otra cosa que tratar de tocar a tientas la obscuridad, dar forma a lo irreconocible y decirnos a nosotros mismos: “no es nada, es tan solo una silla, tan solo un mueble y nada más” esta especie de paranoia me hace recordar el poema de Edgar Allan Poe en el cual, una noche un hombre angustiado dormita en su estudio recordando la imagen de su amada recién fallecida, deseando que la luz del sol venga a consolar su alma. Tocar a tientas la obscuridad pareciera un intento de controlar lo que no tiene control, darle sentido a lo que no lo tiene, despertarse a media noche sin reconocer los ruidos misteriosos que trastocan nuestra tranquilidad cotidiana, para luego descubrir que tan solo se trata de un cuervo tocando a nuestra puerta.

Pero tal como en el poema de Poe, nuestra angustia no cesa al saber de qué se trata, siempre hay algo profundamente ominoso en lo ajeno, en lo extraño, o si se quiere, “en lo extranjero” que nos genera temor y buscamos la manera de protegernos de la amenaza omnipresente. Al resguardo y a la sombra de nuestra casa esperamos que la luz llegue a consolar nuestro desvelo.

Pero, ¿ habrá otra manera de actuar frente a lo ominoso? En estos días se han visto respuestas insospechadas al estado de alarma que se ha implementado en algunos países como medida para frenar la pandemia del Coronavirus, como en Italia donde los músicos hacen frente al encierro obligatorio en sus casas, tocando y cantando por las noches desde sus terrazas temas populares como “El canto de la Verbena”, brindando consuelo y apoyo a sus oyentes, o como en España, donde agradecen el trabajo de los profesionales sanitarios aplaudiendo desde sus ventanas y balcones. Imágenes como estas muestran la otra cara de la moneda, gente que, en medio de la crisis resisten a la angustia, toman fuerza y gratitud para iluminar la obscuridad de los otros.

Así, aún con lo angustiante que pueda ser lo desconocido, el misterio que está detrás de la puerta, puede mostrar más allá de lo ominoso un estado de esperanza y consuelo para quienes deciden encender una vela que ilumine las sombras del temor, porque, aunque pequeña, basta un poco de luz para seguir andando.

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