Una cita para recordar…y aprender también.

Una cita para recordar…y aprender también.

Cuando empecé mi primer trabajo después de la Universidad estaba tan emocionada por este nuevo mundo en la Industria Farmacéutica, que aunque no era el trabajo de mis sueños, disfrutaba muchísimo a mis amigos de la oficina y otras de las actividades que hacía en él.

Uno de esos días, mientras estaba trabajando recibí un mensaje por medio del chat Messenger de la oficina. Era un chico que todas conocíamos, y que parecía ser súper divertido y amable. Él estaba en cargo de todo el proceso de seguridad, así que todos y todas sabíamos quién era. A las mujeres se nos hacía súper atractivo por su personalidad.

Nos estuvimos escribiendo por días, hasta llegar el día en que me invitó a salir. Yo estaba súper emocionada porque hacía años que no salía en una cita. Quería algo de variedad en mi vida, y aunque parte de mí no estaba segura si realmente me gustaba, decidí darle una oportunidad a esta nueva experiencia.

Y Oh por Dios, lo que me esperaba por tomar esta decisión…

Para empezar nos quedamos de ver un sábado en la mañana en su apartamento. Lo que para mí, era bastante raro. Primero porque estaba y estoy acostumbrada a que los chicos vayan por mí a mi casa, tal vez es muy cultural, muy de otra época para otros o muy romántico, sólo sé que así crecí y que siendo honesta me gusta. Sin embargo, en esa ocasión decidí ir y cuando nos reunimos él se me quedó viendo con una mezcla entre confusión e incertidumbre, pero ninguno de los dos dijimos nada.  La verdad es que esta era la primera vez que nos veíamos en persona, porque solo habíamos platicado por el chat.

Al entrar a su casa, su mamá estaba adentro, lo que se me hizo más raro, aunque después me di cuenta que su mamá era súper linda y que incluso tuvimos más cosas ella y yo en común, de las que él y yo tuvimos.

Después de un rato, él sugirió irnos a Café Tacuba, un restaurante muy bonito en la Ciudad de México. Y en todo el rato, él y yo no nos dirigimos la palabra, él se veía serio y un poco decepcionado, yo la verdad, era demasiado insegura para empezar una conversación, así que mejor empecé a hablar con su mamá en ese momento porque me sentí más cómoda con ella.

 Aquí pueden preguntarme, ¿Pero por qué te quedaste? La verdad es que era una persona muy diferente de la que soy ahora. En ese momento me dio vergüenza retirarme, no lo quise hacer sentir incómodo, y en resumen, no fui lo suficientemente valiente para decir hasta la vista.  

Por lo que continué con esta “cita”, en la que su mamá pagó por nuestra cena. Y más tarde terminamos yendo a un concierto de “música” experimental, que resultó más experimental que la química que hacía en el laboratorio durante mi carrera. Al final de la noche solo estaba feliz porque había terminado y porque en verdad su mamá fue un amor de persona.

Para el lunes, todas mis amigas estaban esperando que les contara como me había ido con este chico que todas idealizábamos. Y cuando les dije realmente cómo había sido la cita, quedaron un poco sorprendidas tanto de la cita como el comportamiento de él en general. Aunque, después descubrimos lo evidente, cuando él empezó a insinuársele a mi compañera de trabajo, a ella, era a la que en realidad estaba esperando esa vez en la cita. Ella por supuesto lo mandó muy lejos.

Y cuando conté por primera vez esta historia a una de mis amigas de la oficina, ella me sugirió escribirla a una revista para que la publicaran. Y en verdad, hasta ahora no me había atrevido a escribirla, parte porque ya no lo veo con ojos de la persona de 24 años que fui entonces, sino una más madura.

Y al mismo  tiempo, me decidí a escribir este tema, y esta historia, porque sea esta situación o una similar la que te haya ocurrido, es importante reconocer, que lo que hagas se sienta bien para ti misma y para ti mismo, y si te estás sintiendo incómoda en una situación no seguir adelante, tanto en este caso, en relaciones, en trabajo, en la salud, en cualquier momento donde tu intuición y tu voz interior te está diciendo NOOO, le hagas caso, la escuches. ¿Tú la estás escuchando?

Angie Meléndez

Empresaria y Coach del Bienestar y Mentalidad

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