Xcalak - Mexico

Xcalak, el extremo sur de México

Xcalak – Recuerdo haber llegado de noche, en el último camión de Mahahual, el camino, lleno de la fresca obscuridad de la selva auguraba un gran encuentro, y así fue. La casa del señor Tomate, un simpático señor, antiguo pescador y buzo, nos alojó por algunos días; el pequeño pueblo pintoresco adornado de colores y motivos marinos, rodeado por el rumor del mar, deparó una grata experiencia que aún conservo en mi memoria. 

Xcalak, uno de los rincones más vírgenes del caribe, se encuentra al extremo sur del estado de Quintana Roo y a solo 60 km del sur de Mahahual. Es una pequeña población de pescadores con apenas tres calles principales y cerca de 300 habitantes, se ha dado a conocer por ser parte del arrecife mesoamericano, el segundo arrecife coralino más grande del mundo, en donde se encuentra el Banco Chinchorro.

Sus lugareños, fueron de las personas más amables y cálidas que he conocido en los pueblos de México, cada habitante que conocí me pareció tan cercano como mi abuelo, como mi tío Vico, como mi prima Katy. El señor Tomate, de quien nunca supimos cuál era su verdadero nombre, salvo que le habían apodado así por lo rojo que se ponía con el sol, nos invitó a una posada donde al finalizar los rezos, las mujeres repartían alegremente una deliciosa cena con carne y frijoles para los asistentes.

El amigo Pach, un pescador de origen beliceño, que tenía la tiendita más surtida del lugar, nos acompañó a pescar; subimos a su panga, la cual cargó con todos lo necesario para zarpar al mar y pasear por el canal de Zaragoza, muy cerca de las aguas territoriales de Belice. Tuvimos suerte, volvimos con un balde lleno de peces de todos los tamaños, los cuales comimos muy ávidamente en compañía de nuestro amigo y su familia. Hasta ese momento creímos ser los únicos turistas en Xcalak, hasta que conocimos a Jeff, un gringo con aspecto vikingo y su hijo Sebastián de unos 13 años, quienes parecían visitar el pueblo por años, se hospedaban en su casa de campaña en el Terreno de Toby, nos recomendaron visitar el restaurante de Silvia, una señora de gran carácter y personalidad que ponía mucho esmero en sus deliciosos platillos.

Salimos muy de madrugada del restaurant, Jeff y nosotros seguimos conversando a sus afueras acerca de las estancias para enfermos de drogadicción que hay en Estados Unidos, sin llegar a un punto final, nos despedimos para pasear en kayak al día siguiente (o más tarde) en la laguna junto al mar.

Así fue Xcalak, un pueblo pintoresco, un pueblo de pescadores, un punto distante, si se quiere, en el cual desconectarse de toda señal wifi. Xcalak, un pueblo con muchos nombres que viene a mi memoria para recordar a Pach, Silvia, Jeff, Sebastián, Toby, y el señor Tomate. Un pueblo para recorrer sus calles desiertas, comer sus langostas, disfrutar de sus atardeceres. Un pueblo pequeño, pero de gran corazón, late todos los días al extremo sur de mi querido México.

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